El gran cambio

El domingo me dirigí de buena mañana hasta el aeropuerto de Narita, ya que Hideo llegaba de su estancia en Alemania. Al volver a casa el recibimiento de Yuna fue apoteósico, con esos bailoteos divertidos que nos acostumbra a hacer cuando está contenta, y es que una de las cosas que he notado es que ya empieza a darse cuenta de la ausencia de papá, habiendo esta semana, incluso, un momento de pucheritos (suaves) después de una de las llamadas de Hideo.

Después de las alegrías y la entrega de huevos Kínder para la nena llegó una de las sorpresas que le comentaba durante la semana a Hideo, y es que Yuna nos ha sorprendido con un cambio, un gran cambio. Ahora… nos come.

Desde hace más de año y medio una de mis quejas en cuanto a Yuna ha sido en el comer. Al poco de cumplir el año dio un cambio para mal, dejando el comer lo normal para su edad a convertirse en un pajarito. Porque el problema no es que no le gusten algunos alimentos. Poca cosa hay, de momento, que no le guste, además que yo no soy de las que obligan a comer si no gusta. El caso es que el comer dejó de ser una prioridad, pudiendo pasar, algunos días, con poco más de un par de vasos de leche. Aunque muchos me decían, y yo era consciente de ello, que mientras creciera dentro de la normalidad no pasaba nada, que de hambre seguro no se moriría, la angustia que provoca es grande y han habido momentos en que lo he pasado bastante mal. Y no sólo yo o Hideo, también mi suegra o mis padres, al no saber que hacerle a la niña, porque, como decía, no era una cuestión de que la comida gustase o no. Es que no quería comer.

Pero eso cambió el día del Setsubun, cuando Yuna, como expliqué, se cenó ella sola un ehoumaki y medio enterito. Bromeábamos que con el maki descubrió que ¡¡ comer mola y puede ser placentero !! . Hideo partió al día siguiente, pensando que, quizás, esa cena había sido una de las neuras de nuestra peque (que ya de por si tiene una personalidad muy visceral, sumado a lo visceral que puede ser un crío de casi 3 años). Pero no, la cosa continuó, comiendo con ganas durante los siguientes almuerzos y cenas, convirtiéndose en una nena más mofletuda a la que le tuve que aflojar un poco un par de pantalones.

Fujiya restaurant

 

Foto del menú para Yuna, en el restaurante Fujiya, en Funabashi. Aunque no era un menú que en su contenido me gustase mucho, Yuna nos dio la alegría de comerlo casi por completo.

A ver si sigue así (no canto victoria por si las moscas…)

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Hace un año: San Valentín: oferta chocolatera

Hace dos años: Cuidando la higiene bucal

Hace tres años: Carnaval, carnaval…

Hace cuatro años: 14 de Febrero – February 14th

Hace cinco años: San Valentín – バレンタインデー

 

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7 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Pau
    Feb 12, 2013 @ 17:59:55

    El día del gran cambio nos convierte en los papás más felices del mundo 😀

    Responder

  2. nictekono
    Feb 12, 2013 @ 20:46:50

    Yo de estas cosas no se nada… pero me alegra que tu angustia vaya desapareciendo.

    Responder

  3. Paprika
    Feb 13, 2013 @ 02:12:20

    ¡Qué bonito!
    Me da mucho gusto que Yuna ya esté comiendo mejor 🙂
    Creo que ha ayudado mucho el hecho de que no la presionaras a comer y la dejarás pasar por está etapa :), aunque me imagino la angustia que te ocasionaba.
    Saludos,

    Responder

  4. quicoto
    Feb 13, 2013 @ 03:42:59

    Que bien Nuria 🙂

    Me hace gracia la foto del menú que parece ser uno de estos menús “no muy sanos” (¿Es una cadena tipo McDonalds?) pero no le falta el trozo verde ahí a un lado 😀

    una abraçada

    Responder

  5. nora (una japonesa en Japón)
    Feb 13, 2013 @ 09:03:23

    jajajajajajajajaja … Qué risa el comentario de Quicoto jajajajaja “el trozo verde ahí a un lado” 🙂
    Paciencia Nuria, porque como tú dices, no es que la comida no le guste, es que hay otras cosas más importantes para ella, claro 😛
    De vez en cuando comer fuera de casa en restaurantes como Fujiya, pienso que está bien, aunque la comida no es muy sana. No hay nada mejor que la comida casera, sobre todo para los pequeños.
    Besos** (especiales para la señorita de la casa … y espero que siga así)

    Responder

  6. Leticia Malde
    Feb 13, 2013 @ 17:21:37

    Ánimo, mis padres pasaron exactamente por lo mismo. Pero en su caso fue incluso más fuerte porque yo tenía un retraso del crecimiento (ojo, no tenía nada que ver con que no comiese, era genético, a mi madre le vino la regla a los 16 años provocada con fármacos hormonales).
    Así que tenías que imaginarte que yo era una niña más bien bajita que comía poquísimo o prácticamente nada (era el terror del comedor de mi colegio, siempre la última). Pero es que ni dulces. Y mi pediatra diciéndoles a mis padres que no pasaba nada, que si no comía ya lo haría, que estaba sana y de peso bien (en relación a mi edad ósea incluso estaba algo de más de peso).
    Al final crecí (mido 1’64 lo cual me parece más que perfecto) y tras años se cansaron de presionarme y terminé comiendo más (y más variado, y no sólo las cuatro cosas que me gustaban)
    Pero lo entiendo, sois padres y os preocupáis. Eso no os lo va a quitar nadie.

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  7. Trackback: Yuna y los niños (dejando de lado al pillo-monckey) | Nihon mon amour - 日本・モナムール

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