Una boda y tres funerales

Título que recuerda a esa película, que a mi, personalmente, me gusta muchísimo, “Cuatro bodas y un funeral“, aunque a diferencia del filme mi experiencia en funerales en este país supera a la de las bodas, tristemente (aunque las bodas me estresan enormemente). En su momento no fue grato por mi parte el relatar lo que he vivido en los sepelios de mi suegro, del abuelo y la abuela de mi marido. Momentos amargos y, a su vez, muy impactantes.

He leído por la red alguna cosa sobre los funerales de Japón y aunque si es cierto que suelen ser bajo el rito budista, en algunas cosas difiero pues suelen describir un solo tipo de rito, cono si ese fuera el único, cuando de sectas budistas hay muchas y cada una tiene sus ritos, parecidos en su gran mayoría, pero diferentes al fin y al cabo. En mi caso el sepelio de mi suegro no se pareció en nada a los funerales del abuelo y la abuela, todo y ser budistas.

El funeral del padre de Hideo fue muy sencillo, poca gente, sólo familia muy cercana, también influenciado por coincidir con el shogatsu (Año Nuevo) y que mi suegra no quisiera molestar a nadie durante las fiestas. No se fue a ningún templo, no se pagó a ningún monje a rezar sutras, puesto que en la secta budista de mis suegros cada individuo reza sus propios sutras. Presentamos nuestros respetos al cuerpo inerte de mi suegro nosotros cuatro (mi suegra, Hideo, Yuna y yo) y luego de poner flores y fotografías dentro del féretro nos dirigimos, junto a los demás familiares, al lugar donde se iba a incinerar, un recinto enorme en Funabashi, localidad vecina. Último rezo antes que los operarios introdujeran el féretro dentro del horno crematorio, para luego ir a una habitación con mesas y sillas, a esperar, mientras los funcionarios nos trajeron algo para comer (onigiris, senbei y bebidas). Fue a las dos horas cuando nos avisaron que ya estaba todo listo y que podíamos recibir los restos de mi suegro.

Aquí es donde el relato puede empezar a herir la sensibilidad de algún lector (aviso).

Nos llevaron a una habitación y Hideo y mi suegra se fueron con los funcionarios, para volver a los 10 minutos, acompañados de la pila funeraria, con los restos calcinados (tal cual) de mi suegro. Noté como me quedaba helada y mi presión sanguínea bajaba en picado, creyendo que iba a caer de un momento a otro. Hideo vino a mi, al verme blanca como la leche. “Estás bien?”. “Hideo, yo no tenía idea de esto…”. Y es que a diferencia de las incineraciones en Europa, donde nos entregan las cenizas ya trituradas y dentro de una pequeña urna, aquí se entregan los restos calcinados tal y como salen del horno, para luego, en un ritual los familiares los introducen en la urna funeraria con ayuda de unos hashi (palillos) muy largos. Hideo me preguntó si me veía con cuerpo de hacerlo y, aunque muy bien no estaba, saqué fuerzas de donde no había. El portar con los hashi el trocito de hueso se suele hacer en pareja, cada uno sosteniendo un hashi y cuidando que el hueso no se caiga (mal rollo) hasta la urna. Hideo debía hacerlo junto a su madre pero viendo como estaba yo decidieron que lo haría conmigo. Y así se hizo. Desde los huesos de los pies hasta llegar a los huesos superiores y el cráneo. Uno de los huesos que se coloca en la parte superior es el “nodobotoke”, el axis, que tiene forma de Buda sentado. Después de introducir el cráneo, se cerró la urna.

Kotsuage

Al salir Hideo me cogía del brazo. “Qué fuerte… no me lo esperaba así…”, le decía, y le pregunté si no estaba impresionado de haber visto los restos de su padre tal cual.

“Es lo que somos”, me dijo.

Y tiene razón.

Mi suegra mantuvo la urna funeraria en casa, junto al butsudan (altar budista) durante 49 días (7 semanas), que es el tiempo en que Buda tardó en alcanzar el Nirvana. Pasado ese periodo la urna ya podía ser depositada en el “haka” (tumba) que mis suegros tienen en Gunma, pero al ser aún invierno se decidió posponerlo hasta el 12 de marzo, que, mira tú, dio la casualidad de ser un día después de ese terrible terremoto que nos tocó vivir a algunos. Una ceremonia sencillísima que constó en depositar la urna dentro de la tumba y un almuerzo.

Y la mala suerte siguió un poco más con nosotros pues, a los pocos días, dijimos adiós al abuelo y aquí si que la cosa fue más pomposa. Todo se celebró en el templo que hay junto a la casa de los abuelos, asistiendo muchísima gente. “Tsuya” (ceremonia de vigilia) en el templo, con la anterior entrega de los “noshibukuro”, unos sobres donde se entrega dinero a la familia del difunto, rezos de sutras por parte del monje (que cobra dependiendo de la cantidad y la calidad de los sutras que rece, y no poco… si, también los hay así por aquí…), comida en el mismo recinto (muy buena, debo añadir). Al día siguiente, de nuevo pero ya presentando el féretro del abuelo, después de esa bonita tradición de vestir al difunto (que se puede ver en la película おくりびと) , más rezos y depositar, cada uno de nosotros, flores dentro de la caja, para luego cerrarla y dirigirnos, en autocar, al crematorio (casualmente, el mismo, en Funabashi). Mismo ritual que con mi suegro, pero aquí, al ya conocerme la historia, la impresión no fue tan grande. Y vuelta al templo con las cenizas del abuelo, a rezar de nuevo, aunque aquí nos separaron a mujeres y hombres porque, según me explicó Hideo, para esta secta budista “los hombres entran directamente en el, digamos, Paraíso, al ser puros; las mujeres no” (si, feo de narices…). Rezos por parte del monje y cada uno de nosotros, que nos íbamos levantando y quemando barras de incienso delante del altar. Aquí mi suegra me prestó un “mala”, el rosario budista. Puntualizar que hay de muchos tipos, unos que son parecidos a una pulsera y otros, como los que utilizan Hideo y su madre, que se entrelazan en las manos. Como anécdota divertida decir que Yuna, que contaba con casi un año, se puso a aplaudir entusiasmada con los rezos del monje, como si estuviera viendo un concierto🙂

JapaneseFuneralEnvelope

A diferencia de mi suegro, la secta budista de los abuelos permite depositar la urna funeraria el mismo día en la tumba, sin esperar 49 días. Tras hacerlo y quemar barritas de incienso se depositaron siete tablillas en la tumba. Cada semana la familia debía ir a rezar (menos mal que quedaba al lado de casa) y quitar una, completando, así, los 49 días. En la casa la compañía funeraria preparó el pequeño altar, con la foto del abuelo, donde cada día se debía rezar y colocar comida para el difunto.

Con la abuela, que murió en Enero del año pasado, fue exactamente igual, aunque aquí me libré un poco ya que Yuna, con sus casi tres años, era más difícil de tenerla quieta y callada, por lo que sólo fui con la niña a la ceremonia del “tsuya”.

Pero aquí no acaba la cosa. El luto es de un año, donde no se puede “celebrar” nada (nos quedamos sin shogatsu un par de años) y al acabar este se suele hacer, de nuevo, ceremonia en el templo, más comida, y a los tres años (contando como uno el mismo año de la muerte) otra vez.

Así que con tooooooodo lo vivido esperamos no tener que repetirlo por mucho tiempo. Lo que si tenemos clarísimo nosotros dos es que, sabiendo que la muerte nos llega a todos un día u otro, no queremos que el otro tenga que pasar todo este proceso (que, seamos sinceros, es un rollo patatero) por lo que optamos por lo más sencillo que pueda hacerse.

7 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. conxin
    Mar 28, 2014 @ 17:27:00

    Hola Núria! genial la explicación de sus ritos . Un saludo Conxin

    Responder

  2. tsutsuisara
    Mar 28, 2014 @ 18:14:23

    Muy mal por parte de Hideo por no haberte dado detalles de lo que ibas a encontrarte…ains Hideo!eso se avisa!te habrías ahorrado la sensación tan fuerte…
    Gracias Nuria…a mi también me tocará vivirlo…

    Responder

    • Nuria
      Mar 28, 2014 @ 20:33:45

      Comprende también que la muerte de mi suegro fue repentina y que todo fue tan rápido que no hubo tiempo de preguntarse si yo estaba enterada de cómo iba lo de la incineración en Japón.

      Responder

  3. 保瀬
    Mar 29, 2014 @ 12:28:31

    Lamentable momento, pero forma parte inevitablemente de la misma vida. Al igual que en la película que citas, es importante visibilizar estas situaciones que, sin ser del gusto de nadie, debemos aprender a convivir con ellas. Además, en este caso, con el valor añadido de divulgar un poquito en el contexto de otra cultura y dar a conocer un(os) ritual muy interesante. Gracias por explicarlo

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  4. nictekono
    Mar 30, 2014 @ 20:30:37

    Yo llevo varios velorios en Japón, pero solo el del abuelo lo he vivido completo como tú, y como tú tampoco tenía idea de lo que se venía… aunque no fui advertida tampoco, no me afecto tanto como a tí, o no me afecto físicamente, porque impresionada si estaba.

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  5. yongzhi9790
    Mar 30, 2014 @ 22:32:29

    Gracias por explicar estas cosas, que casi nunca salen. Tu marido tiene más razón que un santo. La muerte forma parte intrínseca de la vida, no existen la una sin la otra. Y al final, nadie, pero nadie nadie, se va quedar aquí. Es como si tratasemos continuamente de escapar de la inevitable muerte, cuando al final es eso, inevitable. Te tocará a ti, a mí, a todos, más joven, más viejo, al final siempre toca. Que le duela a uno no es malo, pero entrar en depresión por cosas de estas, es casi como hacerlo porque los pájaros vuelan (que son pájaros, es lo que hacen los pájaros). Todo esto dicho en frío, que en caliente siempre cambia la cosa..

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  6. nora (una japonesa en Japón)
    Abr 18, 2014 @ 22:58:55

    Muy bien explicado. A ver si me animo a contar mi experiencia en el blog …
    A mí también me gusta Cuatro bodas y un funeral, la vi tres veces🙂
    Besos** (especiales a los peques)

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